Viajó a Mongolia para correr 100 kilómetros; en el trayecto perdió todo su equipaje y tuvo que correr con lo puesto; fue la primera mujer en llegar

Dolores Avendaño dejó de lado los presagios. No le importó que la compañía aérea perdiera todo su equipaje antes de la carrera; tampoco la detuvo una descompostura estomacal ni que su máquina digital la abandonara antes de sacar la primera foto. La corredora viajó miles de kilómetros, más precisamente a Mongolia, para correr 100 kilómetros... y lo logró.

La batalla fue contra el sol. Es que los corredores salieron al amanecer y la única condición era llegar a la meta antes de que Febo desapareciera. Los participantes podían anotarse en dos categorías: 42 km o 100 km. Dolores fue por la carrera más extensa. LA NACION estuvo con ella para compartir los mejores momentos de la competencia Mongolis Sunrise-Sunset.

"Me sentí despojada. Era muy raro no tener bolsos. Para mí, que soy tan autosuficiente, fue una nueva experiencia depender tanto de los demás. Y al final debo decir que fue positiva", comentó Dolores.

Comentó que la largada fue "en el medio de la nada", en el Parque Nacional Hovsgol, al norte de Mongolia. Y la corredora tenía literalmente lo puesto: un par de zapatillas, la ropa del día de la carrera y la mochila.

Más o menos en el kilómetro 30, pasando el segundo pico, pasó por al lado de un ovoo (montículo de troncos y palos que marca un lugar sagrado), identificado por unas cintas azules atadas a los troncos. "Decidí dar tres vueltas alrededor del ovoo en sentido de las agujas del reloj, como hacen los locales en señal de respeto. No quería arriesgarme a que ningún espíritu local se molestara conmigo", dijo, entre sonrisas, recordando la cábala.

Si bien los espíritus no se molestaron tuvo sus momentos duros: "No se terminan 100 km sin algún momento duro", aseguró.

Entre las situaciones adversas, recordó cuando estaba en el kilómetro 42, donde logró superar la descompostura estomacal que soportaba desde la largada... pero empezaron a dolerle los cuádriceps. "Me destruía pensar que me dolían y todavía me faltaba más de la mitad de la carrera. Me empecé a derrumbar mentalmente hasta que me puse a pensar en toda la gente que me apoya. Tenía y quería intentarlo, dejando todo. Llegué al puesto de control, me cambié la remera, me reabastecí y seguí", comentó con seguridad de campeona.

Pero los momentos difíciles continuaron. "No estaba feliz al estar corriendo sola. Prácticamente 70 kilómetros del recorrido estuve completamente sola. La naturaleza y yo. Tenía miedo de que me pegara algún rayo (las tormentas ahí podían ser bastante fuertes). Pero mientras corría intenté pensar en positivo", dijo.

También hubo espacio para disfrutar. "Por momentos la mente se me ponía en blanco ante tanta belleza. Cada valle era diferente al anterior. El mismo recorrido de la carrera variaba: a veces era por una huella, otras por un camino de tierra o a través del bosque. Había que seguir unas marcas de pintura verde en los troncos de los arboles o en rocas", describió.

Un kilómetro antes de la llegada podía ver a la gente que la esperaba.

"No lo podía creer; lo iba a lograr, 100 km en un día en la montaña. A 500 metros de la meta las personas me empezaron a alentar (escuchaba sus gritos). A los 200 metros, Sergio, mi amigo español (que había terminado hacia unas horas, quedando segundo en la general de los 100 km) me vino a acompañar los últimos pasos. Se me cerró la garganta y se me llenaron los ojos de lágrimas. Los gritos ahora eran fuertes. Después de 15 horas 38 minutos, crucé la meta con los brazos abiertos, como siempre, agradecida y feliz. Enseguida me rodearon y me felicitaron por ser la primera mujer", concluyó Dolores, con la alegría de saber que nadie podrá quitarle el mérito.

Por Sofía Corral
Para LA NACION

Fondista e ilustradora

Para estar a punto para la carrera, Avendaño realizó un entrenamiento basado en una rutina de gimnasia y carreras de fondo. "Tres veces por semana subí 340 pisos en 50 minutos –explicó Dolores–, además de realizar fondos largos de no menos de 38 km con cuestas incluidas y sesiones de pesas".

Pero las carreras son sólo una de sus pasiones, ya que lo que más le gusta a Dolores es ilustrar. Y con excelentes resultados: es la autora de los dibujos que aparecen en las ediciones en español de la serie de libros de Harry Potter.

"Durante la segunda mitad de este año voy a tomar un poco de distancia de las carreras, porque me quiero enfocar más en un proyecto de ilustración, que es crear mi propia serie de libros para chicos", comentó.