www.yocorroyvos.freeservers.com

Mar del Plata - República Argentina

Deporte y mujeres:

Reflexiones sobre la participación femenina en un mundo predominantemente masculino

                                                                       Profª. Drª. Silvana Vilodre Goellner

                                                                  Universidade Federal do Rio Grande do Sul

                                                                                            Porto Alegre - Brasil

Pensar sobre la mujer y la práctica deportiva significa comprender lo que convencionalmente se le ha designado a la mujer a lo largo del tiempo: belleza, maternidad y feminidad. Algo imperativo porque no acepta ninguna respuesta, es casi una norma que se diseña, un gesto natural de comportamiento. Esto no significa afirmar que todas las mujeres asumen estas formas convencionales sin reaccionar o esbozar diferentes formas de resistencia. Al final, las mujeres son diversas entre si, portadoras de variados intereses, necesidades, voluntades, deseos, sentimientos y formas de ver el mundo y a sí mismas; son de diferentes razas, clases, religiones, ideas y grupos sociales. Son plurales.

Sin embargo, si pensamos en la presencia de la mujer en el campo deportivo, es posible percibir que salud y belleza son observadas a partir de representaciones convencionales de ser mujer expresadas a través de dos discursos: la preservación de su capacidad de procreación y la necesidad de evitar que con la práctica deportiva se masculinice.

Pensar en el cuerpo femenino en un área específica como la deportiva presupone mover una tensión entre incentivo y la representación de la mujer que no tiene una vida individual y social. A lo largo de la historia se mezclan diferentes consejos, prescripciones, recomendaciones, ora impulsando a transgredir determinados códigos sociales y sexuales tomados como naturales, ora acercando posibles osadías.

En ese sentido, es posible pensar que la mujer es sujeto y objeto de un discurso que busca generalizar percepciones a partir de una mirada que expone su cuerpo al mismo tiempo que lo reprime, siendo las prácticas deportivas presentadas como posibilidad de exposición y espectacularización de este cuerpo.

La práctica deportiva femenina no es una novedad de este siglo. Aunque a partir de las primeras décadas las mujeres adquirieron mayor visibilidad en el campo deportivo. Su participación en los Juegos Olímpicos, por ejemplo, fue autorizada en 1900, provocando la protesta del propio Barón de Coubertin, aristócrata francés responsable de la organización de las Olimpiadas Modernas, que se realizaron en Atenas en 1896. En su libro Pedagogía Deportiva, publicado en Lousanne, en 1922, advierte:

"El problema de los deportes femeninos es que se complica con la pasión y las expresiones exageradas de la campaña feminista. Los dirigentes de esta campaña pretenden afirmar que todo ha sido hasta ahora de dominio masculino; de ahí la tendencia de la mujer de querer mostrarse capaz de igualar al hombre en todas las actividades. Es así que en el deporte las mujeres apelan a la fuerza nerviosa a fin de lograr los resultados obtenidos por la fuerza muscular de sus rivales masculinos.

¿Cuáles serían los inconvenientes o peligros de un estado de cosas que un día se podría generalizar? Técnicamente las jugadoras de fútbol o las pugilistas que se intentó exhibir aquí y allí no representan ningún interés; serán siempre imitaciones imperfectas. Nada se aprende viéndolas agitarse y los que se reúnen para verlas responden a preocupaciones de otra índole. Y, por ello, trabajan para corromper el deporte y la moral en general.

Si los deportes femeninos fueran cuidadosamente separados del elemento espectáculo, no habría razón alguna para condenarlos. Veremos entonces cual es el resultado. Tal vez las mujeres comprenderán luego que esta tentativa no es provechosa ni para su encanto ni para su salud. De otro lado, sin embargo, no deja de ser interesante que la mujer pueda tomar parte en una buena proporción de los placeres deportivos de su marido y que como madre pueda dirigir inteligentemente la educación física de sus hijos".

El sudor excesivo, el esfuerzo físico, las fuertes emociones, la competencia, la rivalidad aceptada, los músculos tensos, los movimientos del cuerpo, los peligros de lesiones, la ligereza de la ropa, la casi desnudez, las prácticas comunes del universo de la cultura física, en relación a la mujer, despiertan sospechas porque rompen ciertos límites que conforman una imagen ideal del ser femenino.

Además de esto hay que considerar que el deporte tiene un fuerte componente emocional confrontado con sentimientos siempre posibles de ser controlados. Su dimensión aventurera moviliza pasiones y energías tanto en quien práctica como en quien observa y asiste, despertando sensaciones y deseos. Plenos de emociones que deleitan y asustan, algunas veces desestabilizando lo que habría que estabilizar.

Una cuestión bien específica está en juego. Hay que fortalecer a la "nueva mujer" que nace con la modernización de las ciudades, frente a viejos preceptos y juicios morales que deben ser mantenidos para asegurar la continuidad tanto de la familia nuclear como en la diferencia de papeles sociales atribuidos culturalmente a hombres y mujeres.

En ese sentido, la presencia de la mujer en el mundo del deporte representa, al mismo tiempo, una amenaza y una complementariedad. Amenaza porque atrae la atención de hombres y mujeres dentro de un universo construido y dominado por valores masculinos y porque pone en riesgo algunas características tenidas como constitutivas de su feminidad. Complementariedad porque pareciera actuar con actitudes y hábitos sociales cuyo ejercicio simboliza un modo moderno y civilizado de ser. Elegantes, hombres y mujeres de la elite desfilan en espacios públicos, mostrando su aprendizaje y talento deportivo afirmando también su superioridad de clase.

El argumento de que el deporte pone en riesgo la salud reproductora de la mujer, además de revelar un preconcepto médico basado específicamente en el aspecto biológico, es bastante frágil puesto que las mujeres participan de otros espacios de trabajo que podrían perjudicar su salud. Pensemos en las condiciones de trabajo al que muchas mujeres están sometidas cuyo esfuerzo físico es intenso. Pensemos en el Ejército, en la Marina, en la Aeronáutica, donde las mujeres realizan entrenamientos con altas exigencias desde el punto de vista físico.

Además de esto, si el deporte puede ocasionar daños a la salud de la mujer también puede hacerlo a la salud de los hombres: entrenamiento excesivo, frecuentes lesiones, presión psicológica. En relación a su salud reproductora, ¿Será que cuando los genitales de un atleta, por ejemplo, son golpeados por una bola lanzada con gran fuera y velocidad no puede ocasionar lesiones a su salud reproductora dificultando que sus espermatozoides sean producidos de manera adecuada para la concepción y amenazando su paternidad?

La cuestión es otra: para la mujer la maternidad es una obligación, "su más noble destino". Cabe preguntar: ¿será que toda mujer quiere ser madre o esa es una convención social que a fuerza de desarrollar el sentimiento de la maternidad, frustra a aquellas que por diversos motivos no pueden o no quieren criar hijos?

Discursos como este hacen que "ser madre" se sobreponga a "ser mujer", convirtiendo la maternidad en un rito de consagración del eterno femenino, un pasaje que inicia a la mujer al mundo adulto. Discurso que contiene ambigüedades porque no parece confirmar la madurez de la mujer y su crecimiento personal y sí reafirmar una representación pasiva y convencional de la feminidad que asocia la identidad femenina con una infinita capacidad de amar y entregarse. Se acrecienta así, también, la representación construida para la mujer moderna: aquella es deportista, bella, activa, participante, compañera del marido, criatura que a pesar de todas las demandas consigue conciliar su actividad profesional con el cuidado de su familia sin dividir esas tareas con el compañero, lo que hace una jornada dupla o triple de trabajo. O sea, una super madre y mujer para la cual la práctica del deporte es sinónimo de cuidado personal, mejoramiento de su apariencia física y cuidado de su salud.

Todavía con relación a la participación de la mujer en el campo deportivo, fundamentalmente en aquellas prácticas consideras "violentas para su sexo", existe otra cuestión que debe ser reflexionada y es que existe la idea de que muchas veces la mujer que practica estos deportes tiende a masculinizarse.

El termino "masculinización", cuando es utilizado en el contexto deportivo sugiere no solo alteraciones en el comportamiento y conducta de las mujeres sino también en su apariencia física. Juzgando la feminidad de la mujer también por la forma de su cuerpo. Las modificaciones que sufren los cuerpos y también el comportamiento de las mujeres en la práctica de actividades físicas, diferenciando los patrones culturales aceptados como normas, parece amenazar tanto la superioridad masculina en el campo de estas prácticas como también las representaciones de ser hombre y ser mujer.

El aumento excesivo de determinos músculos de las mujeres atletas o practicantes de deportes, por ejemplo, está censurado porque no tiene gracia ni armonía. Un cuerpo femenino excesivamente cambiado por el ejercicio físico o por el entrenamiento continuo, es decir por características viriles, no solo cuestiona su belleza sino su feminidad de mujer y pone en duda la autenticidad de su sexo. Al final, el hombre, su cuerpo y su comportamiento, se convierten en el modelo a partir del cual el comportamiento de una mujer es juzgado, estigmatizando aquellas que pasan los límites que convencionalmente han sido impuestos. Visto así, si una mujer no parece ser una mujer es porque es un hombre. O aún más, un hombre por la mitad.

La asociación entre práctica deportiva y homosexualidad, no solo deprecia la apariencia corporal de la mujer sino que restringe la expresión de su sensualidad. Apoyándose en la heterosexualidad y en la maternidad como norma, hace de la identidad sexual de la mujer algo fijo, impenetrable, y que sigue formas rígidas de ser y de vivir experiencias. Ese modelo, al ser asumido como dominante, limita sus opciones en cuanto al ejercicio pleno de su sexualidad, en tanto que la aprisiona a los aspectos biológicos de su cuerpo.

Fantasmas y fantasías que rondan nuestros pensamientos y pensamientos... fruto de una cultura que silencia determinadas situaciones/reflexiones y que no pocas veces considera la homosexualidad como anormal y desviante. ¿Desviante de qué? Desde el punto de vista de la sexualidad humana, desviante de la heterosexualidad dominante cuya identidad se define a partir de las representaciones de género.

Felizmente, como las formas de resistencia y transgresión a lo que está culturalmente instituido existe, las mujeres hace mucho que están presentes en los deportes. Asisten a los estadios, a los campeonatos, hacen comentarios, divulgan noticias, arbitran juegos, son técnicas, conforman equipos dirigentes. Bien, digamos que todavía tímidamente, si comparamos con la participación masculina. Pero que están presentes en el universo del deporte no se puede negar. Y son muchas.

Pero, ¿cómo reaccionan las mujeres frente a este universo culturalmente virilizado? ¿Lo enfrentan o lo refuerzan?. Es necesario tener en cuenta que no existen formas de pensar, iguales para los hombres y las mujeres porque sean hombres y mujeres. Motivo por lo cual algunas mujeres que participan en el mundo del deporte se amoldan a los patrones masculinos sin cuestionar preconceptos ni reglas, así como actitudes, comportamientos y discursos.

Otras, por lo contrario, reafirman su feminidad y su identidad, exhiben su belleza y buscan en la práctica deportiva salud y calidad de vida. Cuestionan la hegemonía deportiva masculina históricamente construida y culturalmente asimilada, enfrentan preconceptos y también formas del poder al que están sujetas.

Finalmente no podemos dejar de señalar que en el mundo del deporte circula mucho dinero: en la práctica propiamente dicha, en los contratos de los clubes, en el marketing deportivo, en la realización de eventos, en la producción y consumo de bienes materiales (ropas, medicamentos, marcas, y productos de los más diversos e inimaginables), en la comercialización de la imagen de los atletas, en la disputa por los espacios de transmisión en los medios de comunicación de determinados eventos deportivos, entre otros.

¿Será, entonces, que incentivar el deporte femenino significa invertir en un nuevo mercado que se abre para alegría del capital, de las grandes industrias deportivas, de los medios de comunicación? ¿Será que constituye también una posibilidad de utilizar el cuerpo femenino, icono de la sociedad moderna de consumo - para vender diferentes productos, inclusive propiamente deportivos? ¿O será que significa el debilitamiento de preconceptos, de tabués y estereotipos históricamente ligados a la mujer?

Numerosas son las cuestiones que requieren reflexión en torno la mujer y el deporte. Este trabajo apenas ha tocado algunos puntos. Cabe señalar, felizmente, que entre rupturas y conformidades, la mujer hace su historia en el universo deportivo a pesar del discurso conservador que considera como poco importante su participación intentando hacer creer que ese espacio no puede ser conquistado sino a través de una concesión masculina.

 

Reflexiones acerca de lo que la mujer representa para el deporte y el verdadero significado del deporte para la mujer.

Marta Antunez

Las mujeres eligen el deporte como actividad propia? Ó ¿Lo hacen para demostrar que en ese campo tradicionalmente masculino también pueden desarrollarse? (De las actividades físicas femeninas y el deporte)

Patrones y acervos culturales indican un papel masculino y uno femenino diferenciados y pautados según épocas, usos y costumbres, sin embargo el ser mujer puede atribuirse, por una parte, al sexo biológico pero también por otra, a la identidad femenina con el rol que la sociedad espera quiera desempeñar.

Los estereotipos y patrones culturales marcan ya una condicionante respecto a las niñas desde la infancia más temprana; estos tratos diferenciados, (ejercidos por quienes son los responsables de la socialización: padres, docentes, entrenadores), hacen que se vayan cultivando las identidades tanto en las niñas, como también en los niños.

Por esto, se espera de las mujeres una diferencia en cuanto a rendimiento, expectativas de éxitos, menor aptitud para la agonística, la competencia, el entrenamiento, mayor aptitud para la creatividad e intelectualidad, la sensibilidad. Estos patrones hacen que la identidad de la niña se desarrolle bajo esas pautas, y aunque con la modernidad han ido perdiendo poder, aún hoy influyen en la elección, predisposición, interés, actitud frente al deporte. Es decir: la mujer representa para el deporte, no lo que ella pueda desempeñar como atleta o simple practicante, sino lo que, por lo regular, la sociedad espera de ella sobre la base de un modelo preconcebido de comportamiento.

El rendimiento deportivo está marcado no sólo por las diferencias biológicas, sino que se incrementan con las diferencias psicológicas, sociológicas y culturales vivenciadas por las mujeres, marcadas y reglamentadas por la sociedad con pautas diferenciadas para hombres y mujeres.

Las mujeres desarrollan el mismo interés por los deportes que los hombres, al igual que en otras tantas actividades y profesiones, sin embargo, (y los números son claros), aún no practican deporte en el ámbito competitivo como competencia tanto como sus congéneres masculinos y por su parte, la psicología asegura que se debe a la diferencia que tienen las mujeres respecto al significado de la búsqueda del éxito y del rendimiento. Las mujeres tienden a lograr el éxito sobre la base del dominio y mejoramiento personal. (Gill) En tanto los hombres buscan el resultado frente al oponente

En este último siglo pasado las mujeres se acercaron en mayor proporción más a la actividad deportiva, al igual que a todos los demás campos sociales ocupados por hombres; quienes fueron las pioneras en la participación deportiva competitiva se identificaron con los patrones masculinos y detentaban características más competitivas y de rendimiento que las demás mujeres, (seguimos hablando siempre en términos de patrones ya gestados con anterioridad).

Estas iniciadoras, abrieron un camino hacia esas actividades deportivas pero no lograron que las demás mujeres se identificaran con sus principios de comportamiento deportivo o competitivo, por el sólo hecho que no eran cánones a seguir dentro de una identidad propia de la feminidad que la mujer en esos momentos intentaba forjar.

El deporte como tal, siempre ha detentado el valor por el éxito, el mejor, el campeón, la medición exacta de tiempos y marcas, el rendimiento máximo, el entrenamiento para la búsqueda del mejor resultado y todas las ciencias aplicadas trabajan en pos de ello. Ese es el espíritu del deporte: más rápido, más alto, más fuerte.

Lo que se debería analizar es lo siguiente: si las mujeres que se acercan a la práctica deportiva lo hacen por estar de acuerdo con esos valores y modelos que se cultivan alrededor de las competencias, ó si la búsqueda del éxito del mejor tiene valor dentro de la nueva identidad femenina que no deja de mutar acorde avanzan los tiempos

La relación mujer- cuerpo

La relación de la mujer con su propio cuerpo debe ser uno de los puntos que más ha variado desde la incursión de la mujer en el mundo visible para la sociedad. Antes no disponía de su cuerpo para sí, debía dedicarse a la maternidad y la imagen de su cuerpo se medía con otros valores ya que este era precisamente el único papel que la sociedad le tenía reservado. Desde la llegada de la mujer a la educación, la investigación y demás ciencias, la noción de la imagen corporal ha ido variando a tal punto que parecería que la mujer ha retomado el control de su propio cuerpo. ¿Pero es realmente así o estamos asistiendo a otra pauta cultural con la que no todas las mujeres pueden identificarse?

La imagen de mujer ideal se mide por la belleza, delgadez y juventud, por otro lado todas las ciencias y artes trabajan para que esto pueda concretarse, Así entonces tenemos que la industria "femenina" abastece al mercado con productos de belleza, tratamientos, alimentos bajas calorías, medicamentos para adelgazar, para no envejecer, anticonceptivos, spas de relajación, tratamientos antiestres, tratamientos psicológicos y por supuesto quirúrgicos que cada vez comienzan a aconsejarse desde edades mas tempranas para no llegar a edades avanzadas con riesgos.

El logro de esta belleza y los productos que la garantizan ofrecen a la mujer juventud, seguridad, libertad, autonomía, omitiendo las consecuencias negativas que podrían tener para la salud y el bienestar.

La imagen femenina ideal es aquella que ha pasado por el quirófano, se ha hecho cirugía embellecedora, se sacrifica comiendo químicos y aparenta 30 años menos de los que tiene y además se divierte! Y esto debe lograrse cueste lo que cueste.

Y llegamos así a nuestro gran tema: el deporte. Que por supuesto, es una actividad que ni por aproximación se asemeja a aquello con lo que la sociedad espera que la mujer se identifique. La actividad física femenina entonces, es aquella que puede hacernos más lindas, más flacas o más jóvenes y encima nos prometa divertirnos!. Así surge una elección de mujeres, niñas y jóvenes por el fitness, la danza, el gimnasio, el trote, etc.

En este aspecto las mujeres han ido adelantándose en este camino a los hombres, hoy lo que se espera de la mujer es que tenga una imagen corporal impecable, que esté radiante y que soporte el trajín de la vida diaria con el maquillaje intacto, y aunque parezca increíble, los hombres no están exentos, de esta "exigencia" social.

Tanto hombres y mujeres por igual son esclavos de la "buena presencia". El ser humano se identifica con la imagen que crea tengan de él, lo que motiva a la "aceptación" por parte del individuo de los caprichos sociales de apariencia y comportamiento. Esa será su propia imagen y en esa búsqueda trabajará. Esto tiene verdadero peso independientemente de la actividad que se realice en cualquier ámbito. El deporte pareciera no cumplir con el objetivo de mejorar esta imagen para que sea aceptada por la sociedad, en especial la de la mujer, por cuanto lo que se espera del trabajo físico deportivo es el desarrollo de una gran masa muscular, la masculinización y la manifestación de patrones de conductas características del sexo masculino.

El papel del deporte en la nueva concepción de la imagen femenina.

Habría que analizar el concepto de deporte y como es concebido por la mayoría de la sociedad, y desde ese punto de vista allí ver quienes realmente hacen deporte.

Si consideramos deporte "a toda aquella actividad que se realiza con el fin de competencia", seguramente la balanza se inclinaría a favor de los hombres, desde la participación en Juegos Olímpicos, torneos organizados institucionalmente, partidos que se llevan a cabo en el barrio, en la canchita, polideportivo o con el grupo de amigos, compañeros de trabajo o estudio. Los hombres que se encuentran para jugar por el resultado a simple vista son más que las mujeres. Pero: ¿todo esto corresponde a la definición deporte?

Otra pregunta sería: ¿Deberíamos considerar deporte a toda actividad que refiera un compromiso corporal en la que tenga lugar un gasto de energía, (aunque esta sea mayor al gasto que pueda hacer mi vecino pateando la pelota con sus amigos) ó, por ejemplo, pasear diariamente a mi perro.

El deporte es sinónimo de una preparación, un entrenamiento a fin de poder llegar a una determinada competencia con una ganancia física, técnica y táctica, que ayude a llegar al máximo rendimiento. Las demás actividades físicas (aerobics, danza, tae-box, andar en bicicleta), tienen la similitud de la preparación para lograr una preparación y mejorar nuestra condición, nuestra salud o, por que no, nuestra belleza.

Los deportes recreativos, que no persiguen el rendimiento máximo y que por lo tanto no requieren una severa preparación deberían estar alineados en una categoría propia y no mezclados con el deporte de representación, error que generalmente se comete en la realización de alguna encuesta para determinar si la población realiza deporte o no, quienes lo hacen, dónde y por qué.

Otro error es considerar como deportes femeninos a las actividades recreativas, de gimnasio, las caminatas, la danza, la gimnasia modeladora y cuanta actividad surja de la moda mercantilista que promete hacer una imagen "como la que vos querés".

Hoy en día siguen rigiendo los mismos valores arcaicos basados en fundamentaciones superficiales contra los cuales la mujer lucha constantemente, aquellos que marcaban a la mujer como un ser falto de voluntad, dependiente, inseguro, con falta de perseverancia para el trabajo y con cierta ineptitud para la actividad y rendimiento físico.

Por lo tanto, para mantenerse con una imagen apta debe consumir aquellas actividades que no requieran "sacrificio" físico, ni "esclavitud"; para lo cual es más sencillo pasar por el quirófano, el dietista, la clínica de belleza y tener un personal trainer que no permita cansarnos y nos haga desaparecer las grasas sin hacer crecer demasiado los músculos que realizar una actividad física o deportiva que reclame voluntad y constancia ya que estos son los valores que no nos corresponden por considerarse masculinos.

Hoy ya se acepta que la mujer sea inteligente, pueda entrar de lleno al mundo y actuar a la par de los hombres, pero con un cuerpo perfecto y con una imagen de sí misma aceptable para los demás, con la esclavitud que significa el cuidado de lo exterior. No se le permite liberarse de la dependencia de cómo se ve su cuerpo.

Seguramente y podría esperarse que estos cánones de belleza física, dinamismo corporal, delgadez sin músculos definidos, sin arrugas vayan evolucionando teniendo como protagonista a la mujer y a lo que ella quiere de sí misma respetando los deseos y realidades a los que quiera llegar. Que la imagen de la mujer sea autoelaborada teniendo en cuenta sus propios deseos y su propio modo de vivir su cuerpo y su vitalidad.

Las mujeres que se dediquen al deporte de alto rendimiento tendrán los valores que respondan a esa actividad, dentro de las características y requerimientos necesarios sin ser vistas como más o menos femeninas por haber ingresado a ese coto considerado aún de un ámbito netamente varonil.

A pesar de los avances de la mujer que ha ido dejando de lado los estereotipos se sigue insistiendo en el mantenimiento de éstos. Aún se trata a las deportistas en forma diferenciada respecto a los hombres, en especial por los medios de comunicación que se ocupan de remarcar la relación del deporte con la vida personal, familiar y profesional, destacando el poco tiempo disponible que les deja esta búsqueda de logros deportivos para que las deportistas logren "ser mujer" y cumplir con los papeles de madre, novia o esposa, amistades y estudio o trabajo.

El deporte de competitivo debe ser considerado como una actividad entre las demás, en la que la mujer pueda desarrollarse al igual que los hombres, como en la política, las ciencias, y todas las demás actividades, con igualdad de oportunidades para lograr los mejores resultados. Y la imagen de los deportistas debe ser eso simplemente: un o una deportista que intenta lograr lo mejor de sí mismo, al igual que la mayoría de los seres humanos en lo que hemos elegido.

Bibliografía

Imagen, papel y condición en los medios de comunicación social. UNESCO 1994

Sobre el modelo corporal de la mujer. Javier Olivera Beltrán. Revista Apunts nº 55

Mujer y medios de comunicación. Documentas I. Secretaría General de la Mujer. G.C.B.A.

Aspectos psicosociales de la actividad deportiva femenina. Caterina Pesce. Revista Stadium nº 175

El mito de la belleza. Naomi Wolf. 1991. EMECE

www.yocorroyvos.freeservers.com

Mar del Plata - República Argentina

e-mail: quattornet@hotmail.com