Milagrosa mielina, el secreto del talento deportivo

* Raúl Fain Binda
* 5/03/2007

Todos nos hemos preguntado alguna vez si el genio deportivo es innato o se puede crear, como una camisa, a partir de algunos elementos más simples, por ejemplo coordinación neuro-muscular, intuición, voluntad, patrocinio comercial, genes, estímulos del medio ambiente, ambición, apoyo estatal, lo que sea.

Una capacidad atlética soberbia, por sí misma, o una buena predisposición mental y física, no son suficientes para explicar lo realmente excepcional, esa chispa sublime, tan evidente en Maradona, Federer o Senna.

Los neurólogos aseguran que esos requisitos físicos y mentales son necesarios, sí, pero que no servirían de nada sin una abundante capa de mielina, que se puede desarrollar con un entrenamiento específico.

La mielina, nos dice el diccionario, es una lipoproteína, de consistencia grasosa, que sirve de vaina para las fibras nerviosas.

Hasta hace poco se creía que su función era únicamente protectora, como la cobertura del cable de electricidad, pero ahora se sabe que existe una interacción entre la mielina y las neuronas, y que ese estímulo nervioso, en determinadas condiciones, aumenta la cantidad de mielina en ciertas partes del cerebro y en los nervios de los grupos musculares ejercitados. El resultado es un mejoramiento sustancial del rendimiento del “circuito” nervioso, un aspecto vital del talento.

O sea que si el grosor de la mielina aumenta, también aumenta la calidad de los impulsos nerviosos y con ella el rendimiento del atleta, o del músico; y también, Dios nos perdone, de los abogados y los políticos.

Quedémonos con los atletas. Los neurólogos creen ahora que Tiger Woods y Ronaldinho tienen concentraciones de mielina mucho más densas que las nuestras en los lugares adecuados. Se atreven a predecir que, mientras más talento, más mielina.

Allí está dicho. El talento es una grasa. Bueno, bueno, que no es tan simple.

El New York Times dedicó al tema un extenso artículo en su edición de ayer. El autor, Daniel Coyle, se pregunta cómo es posible que un país tan pequeño como la República Dominicana produzca tantos peloteros de primer nivel*, y que una sola escuela de tenis en Rusia, la ahora célebre Spartak, produzca en condiciones precarias más jugadores de categoría que todo Estados Unidos.

Los entrenadores de tenis de Estados Unidos suelen explicar esto con una batería de argumentos: el genético (los eslavos son atletas naturales), el económico (riquezas inimaginables para anteriores generaciones), el político (el ex presidente Yeltsin era un fanático del tenis) y el cultural (el éxito global de Kournikova encendió la imaginación de miles de infantes y adolescentes rusos).

Este tipo de explicación, que también se puede aplicar al fútbol en Brasil, por ejemplo, no es suficientemente persuasivo porque no sirve para otros países y otros deportes. Debe haber un factor más específico.

Coyle nos asegura, con el respaldo de las últimas investigaciones científicas, que ese caldo de estímulos es un mero facilitador de la causa real, concretamente el desarrollo de la capa de mielina en las fibras nerviosas.

Esto sólo se puede hacer con el estímulo permanente del sistema nervioso, a través del ejercicio y el entrenamiento cotidiano desde muy joven.

El mero esfuerzo no basta, sin embargo: la interacción entre mielina y neurona tiene que darse en forma virtualmente simultánea, ya que un desfasaje brevísimo (del tiempo en que una abeja bate sus alas una sola vez), basta para desactivar el proceso de creación de mielina.

En el caso de la escuela rusa, cuyas instalaciones son de una pobreza franciscana, Coyle dice que los requisitos originales para la creación de un tenista sobresaliente son a) padres ambiciosos, b) un comienzo temprano -7 años para las niñas, 9 para los varones-, c) profesores fuertes y respetados y d) fortaleza mental de los niños.

El catalizador del proceso es la predisposición de los jóvenes a entrenar con entusiasmo (creando así más mielina) y la capacidad de los maestros para inculcar a sus alumnos una técnica depurada, con el necesario espíritu de sacrificio.

Robert Lansdorp, un veterano maestro de tenis de Los Angeles, dijo a Coyle que en Estados Unidos se están perdiendo algunos de los requisitos originales: “Necesitas fundamentos y disciplina, y en este país nadie da un centavo por fundamentos y disciplina”.

El periodista completa el cuadro diciendo que el retraso relativo del deporte moderno en Estados Unidos no se debe a mecanismos de entrenamiento, sino a factores más importantes: el hedonismo de la cultura juvenil, el énfasis en el triunfo inmediato en vez de trabajar para mejorar la técnica, y una atmósfera deportiva menos exigente y sacrificada que en otros países.

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